Monday, 23 May 2011

Una Hija de la Acacia

Autora:      Madalina Cobián
                    .
Acacia:

Científicamente: Árbol leguminoso. Pertenece a la familiaFabaceae. Necesita de un lugar fresco para invernar  y en verano  le es indispensable abundante riego, con abono incluido. Se les considera arboles fijadores de nitrógeno que contribuyen  a la fertilidad del suelo y crea mejores condiciones para el desarrollo de otras plant
as.  Son de rápida germinación y de fácil cuidado.  En la antigüedad era considerada una planta maravillosa por sus propiedades curativas y hasta se le creía ahuyentaba la mala suerte.  En Egipto fue muy conocida y se le utilizaba en la construcción de embarcaciones, estatuas y muebles.   De flores blancas olorosas en racimos.  Su dura madera fue utilizada en la fabricación de artículos, objetos, y monumentos, por cuya importancia debían perpetuarse hasta la eternidad. De ahí que de esta madera fue fabricada el Arca de la Alianza que conservarían  los Diez Mandamientos grabados en piedra por Dios a Moisés en el Monte de Sinahí.

  Simbólicamente: Fue precisamente un árbol de Acacia el que escogiera Dios para presentarse ante Moisés en el  Monte de Sinahí.  Un árbol lo suficiente puro como para servir de hospedero al Supremo Hacedor;  un árbol lo suficientemente fuerte para arder en el fuego divino sin consumirse. Las flores de la Acacia representan la pureza y la fragancia  multiplicadas, la fertilidad, mientras que su madera representa la perpetuidad; por tanto un ramo de Acacias es el símbolo de un grupo de mujeres de altos valores y principios cuya misión es perpetuar, además de la especie, los valores que debe llevar intrínsecos la clase humana para perfeccionarse.


   
   La mujer cubana, desde tiempos remotos, o más bien, desde que su país comenzó a tener conciencia de cubanía, se tornó en una mujer versátil y flexible, que aprendió a crecerse, desdoblarse y multiplicarse, tratando de abarcar todas las esferas de la sociedad en la que pudiera ser útil, en la que siempre ha dejado su cuño de cubanía, con su perfume y musicalidad, abrazándola con amor y material cariño, para no dejar caer esta sociedad, y con paciencia e inteligencia, la ha educado, la ha guiado, para sacarla de la oscuridad y  salvarla del peligro y la opresión.

    La mujer cubana, no sólo ha sido desde finales del siglo XIX hasta el momento, una mujer austera, rígida y recta, como lo exigían los patrones de conducta impuestos por la religiosidad colonial, sino que, gracias a la mezcla de las razas y culturas existentes en el país, se convirtió en un prototipo de mujer,  propio y único de un país como Cuba: sensual, musical, inteligente, guarachera, amorosa, y comprensiva, sobre todo en cuanto a abrazar las causas justas sociales y fundamentalmente, cuando esa causa es la que ha abrazado su esposo o compañero en la vida.

    Esta mujer,  que ha sido además de madre, esposa y revolucionaria, identificada siempre con todas las causas nobles que ha enfrentado su país,  fue la que escogió ese Pequeño Gran Hombre, corto de estatura y largo de ideas, el Masón  Gabriel García Galán, abogado y maestro, Ex - Gran Maestro de la Masonería Cubana, para que fuera la representación femenina de la Institución del Compás y la Escuadra.

    Teniendo en cuenta los Antiguos Límites Masónicos,  que todavía existen,  costó mucho trabajo que la Institución accediera a la proposición de García Galán de que se creara una Orden fraternal femenina que practicara los mismos principios que la Masonería.  Pero como la tenacidad de ese Masón fue muy grande, y  el curso del tiempo mostró que la presencia femenina se tornara necesaria, sino dentro de la Orden Masónica, por lo menos,  paralela a ella y a pesar de que todavía existen muchos miembros que se han opuesto a la existencia de la mencionada orden femenina, no fue hasta el 21 de Marzo de 1937, que naciera la Orden “Hijas de la Acacia”.

  La Orden “Hijas de la Acacia”, institución autónoma e independiente, con sus propios estatutos y reglamentos, siguiendo los postulados de la Masonería de Libertad, Igualdad y Fraternidad, pone en práctica su tríptico de: “Paz, Amor y Caridad”.

    Hablemos de lo que significa ese tríptico para la Acacia.
    Paz.-      No sólo significa ausencia de guerra, ni aparente tranquilidad. Paz
                  no significa estar en un lugar sin ruidos, sin trabajo duro ni sin
                  dolor.   Paz significa que a pesar de estar en medio de todas esas
                  cosas, permanezcamos calmados en nuestro corazón.  También
                  significa la tranquilidad espiritual, la armonía del hogar, por donde
                  comienza la armonía social, dada por el sentido del  respeto y la
                  igualdad entre los hombres.    Eso no significa que en un momento
                  determinado, abrazando una causa justa, las Acacias se
                  manifiesten por la defensa de la Patria, ya que estas abogan  por la
                  justicia social.
 
  Amor.-    Hacer el bien por el placer de hacerlo, aunque ello implique
                  sacrificio  de su tiempo y economía, únicamente remunerado con
                  la satisfacción espiritual de haber cumplido con el deber de
                  hermana. También significa el amor al trabajo creador que
                  contribuya al cambio y evolución de la sociedad y el universo.  Y
                  también al amor por  el conocimiento que enriquece el alma y da la
                  sabiduría para tomar decisiones que contribuyan a emancipar a la
                  mujer.
  
Caridad.    La Caridad no es donar lo que nos sobre, sino compartir lo poco
                  que se tiene con el hermano enfermo o en desgracia.  Es
                  compartir el conocimiento y el cariño con quienes lo necesiten.  Es
                  iluminarlos para que hallen el camino  de la perfección.  Ilustrar es
                  llevar la luz a los que no ven por su ignorancia, por tanto, enseñar,
                  es una forma de practicar la caridad.

                    La Acacia, es una mujer cubana cuyo objetivo es perpetuar su  especie impregnada de valores universales por el desarrollo de la humanidad y la perfección de la humanidad. Perfumada y agrupada como la flor y perpetua como la madera, podemos decir que ella  una “Hija de la Acacia” es una mujer cubana con proyección universal.













Monday, 9 May 2011

El otoño de una mariposa.

Tomado del cuaderno de cuentos del mismo nombre.
 Madalina Cobián.                   
                                                                             
Mariposita,
   No porque tu naturaleza aventurera se hubiera mostrado en ti desde muy temprano, tuviste oportunidad de desarrollarte como tal, pues la inocencia, la docilidad y obediencia que te acompañaron siempre se ocuparon, no de matar, pero sí de controlar tu espíritu apasionado.
   Una vez, cuando tenías cuatro años, mientras  tu madre compraba vegetales al chino verdulero que solía pasar por la puerta de tu casa,  sentiste la inspiración de robar un plátano maduro de la carretilla y sin pensarlo, lo hiciste. Rápidamente escondiste el plátano entre tus dos manitas a tus espaldas.  Cuando tu mamá terminó su compra, se volvió y tú  hiciste lo mismo, pero sin antes haber cambiado el plátano de lugar, por lo que, al voltearte, el chino pudo percatarse de la presencia del plátano escondido y te gritó:
  -“Niña ladlona.  Tú lobal plátano a chino.  Mujel, tu sel mala. Tu enseñal niña a lobal  dede chiquitica”.
  Tu madre, con las mejillas encendidas de vergüenza te retiró el plátano,  lo puso en su lugar y entró  a su casa.  Dentro, se sentó contigo y te dio un gran responso.  Tú, que permaneciste silente todo el tiempo, solo abriste la boca para decir:
  -“Yo no lo voy a hacer más, Mamita”.
   Esta frase parece que marcó tu vida, porque  cuantas veces fuiste  reprendida y prometiste no hacerlo más, lo cumpliste por el resto de tus días.
  Tu padre  poseía un negocio pequeño en el centro del pueblo, un merendero que era famoso por sus sándwiches: “Lunch”. Abría a las 9.am y cerraba a las 9.pm. Y era costumbre de aquellas personas que no tenían hábito de cocinar de noche, o aquellas familias que salían los domingos y regresaban tarde para cocinar, degustar un sándwich que costaba cuarenta centavos acompañado de una malta que tenía el precio de veinticinco.  Los emparedados de tu papá,  tenían dentro abundante jamón, queso, pepinillos encurtidos, aceituna sin hueso picadita, lechuga y todo lo que llevara un sándwich de calidad y en abundancia, y luego de ponerse a la plancha, se servían calientes y tostados.  Por la noche, cuando cerraba el local, tu padre acostumbraba llevar en un cartucho un emparedado y una malta que tú esperabas despierta, para comer tu sándwich antes de dormir.
     Tú eras muy blanca, pelirroja, con muchas pecas en tu carita bonita y en todo su cuerpo; cuerpo que nunca fue bien dotado en carnes en los lugares apropiados. Pero poseías una gracia y simpatía que a todos encantabas.
  Como tu familia era muy numerosa, por lógica, todos los años fallecía algún miembro de avanzada edad, y por ser tu madre tan tradicional y conservadora de las costumbres, a ti te vestían de medio luto, a rayitas blancas y negras o tela de ghingham  o a cuadritos de los mismos colores, por tanto en muy pocas épocas del año se te veía vestida de colores.
  Era en estas oportunidades en que luciendo alegre, revoltosa, andariega y bailarina parecías una mariposita de primavera.  Bueno… siempre que la voluntad materna no interviniera en bien de tu conducta, porque según ella, de tu conducta dependería tu futuro y tú debías aspirar  a un futuro de bien.  Por tanto, sin chistar, respondías al llamado de atención maternal con la docilidad de un tierno corderito.
  Sentías afición por la fotografía, a la que dedicabas mucho tiempo dentro de su casa. Te gustaba retratarte encima de un árbol, o sobre el techo de la casa pero no te atrevías a exteriorizar tu pasión fuera de esta por temor a aparentar perdida de la cordura.
  Tu inteligencia no era grandiosa, pero si suficiente como para vencer la Enseñanza Media y aprender una técnica que te ayudara a conseguir un trabajo para resolver tu economía  y sufragar tus gastos.  Lo que en realidad te caracterizaba como magnífica era tu disciplina.
   Poseías un carácter muy alegre y a todo le buscabas un motivo para reír con tu risa contagiosa y bullanguera; aunque a veces te extralimitabas cuando de forma incontrolable reías si veías a alguien caer, lo que te hacía parecer burlona y cruel. Luego de percatarte del error cometido, pedías disculpas por haber reído e inmediatamente y volvías a hacerlo. Así pasó tu niñez, adolescencia y juventud, sin grandes huellas que marcaran tu alma.
  Por aquel tiempo como buenas amigas que éramos nos prometimos bautizarnos el primogénito de cada una para ser comadres y seguir siendo amigas.  Yo cumplí mi promesa. Tú todavía no me has dado la razón de porqué no cumpliste la tuya.  He pensado más de una vez que ha sido la subestimación que ha estado presente en ti hacia mí más de una vez, pero que yo no he tomado cuenta.
 Cuando conociste el primer amor, la que considerabas ser tu mejor amiga entonces, te quitó el novio y se casó con el, sin embargo, a ti, o no pareció importarte o simplemente decidiste no darle importancia al asunto para no sufrir. Contradictoriamente, yo todavía siento desprecio por la que te hizo tan mala acción.
  Un tiempo después, conociste al que luego sería tu esposo.  Era un médico por el cual  no sentías gran atracción, pero como tu  madre quedó fascinada por el brillante porvenir que auguraba ese matrimonio, te convenció de no dejar pasar la oportunidad y tú disciplinadamente contrajiste nupcias convencida de que estabas actuando correctamente y feliz de haber alcanzado la meta que se habían propuesto sus padres.
 Tu matrimonio se desarrolló felizmente, con  un ventajoso nivel económico y comodidades propias de la vida de un médico.  Realizaste un matrimonio de bien. Viajaste mucho, conociste lugares, tuviste tus hijos, les diste amor, pero siempre bajo la vigilancia y control de tu esposo quien llevara las riendas del hogar y te permitiera todos los caprichos, gustos y holgazanerías  que pudieras desear, sin crearte responsabilidad alguna que pudiera entorpecer tu placentera vida.
  En tu casa siempre reinaba la risa y todos competían siempre en querer decir el chiste más gracioso. Hasta tu perro Chulo parecía querer participar en la risa y el jolgorio. ¿Lo recuerdas?  No hubo ningún antojo que no te diste el gusto de permitirte. Tenías una familia y una vida envidiable.
     Hay un proverbio chino que dice:
-          “El hombre trabaja la primera mitad de su vida para garantizar la segunda mitad de esta.”
   Lamentablemente, Mariposita, tú no te preparaste para la segunda mitad de la tuya. 
   La vida está también compuesta de otros elementos que no son sólo la risa y la alegría.  Existen otras cosas que  tú no conocías que, además de agriarla, enseñan a pensar y obligan a madurar para poder seguir viviendo y aceptarla tal como es. 
   Pero eso tuviste que descubrirlo por ti misma, cuando tus hijos crecieron, se fueron de tu lado y se negaron a continuar haciendo tu voluntad; cuando asumieron su propia responsabilidad ante la vida y dejaron atrás la risa y el jolgorio.
  Mariposita, los hijos no nacen queriéndonos; ellos sólo nos necesitan.  Aprenden a querernos cuando tienen sus propios hijos.  Somos nosotros los que los queremos a ellos y responsablemente tratamos de estar cerca de ellos para que cuando nos necesiten, nos llamen y podamos demostrarles solidaridad y serle útiles. Pero nada más, porque si no nos llaman, estorbamos.  Además, porque hay que demostrarles que además de ser madres, somos seres humanos con vida propia.  Así es como mejor nos ganamos su respeto.
  Según tú, no naciste para tener familia, tu familia nació para tenerte a ti.  Error craso.  Si la hiciste, asúmela tal como es.  Y demuéstrale a tus hijos que desde donde estés, pueden contar contigo, no para tu beneficio sino el de ellos, porque tu vida la puedes resolver tú.
 - ¿Qué quien soy yo para aconsejarte así?
 - Una madre que también cometió errores en la crianza de sus hijos y que te habla por experiencia.
   También descubriste otro lado oscuro de la vida cuando se murió tu perro y te quedaste sola con alguien a quien descubriste como ajeno; cuando gracias al desarrollo tecnológico y al Internet, conociste que existía algo muy importante que tu desconocías: el orgasmo; cuando descubriste el potencial erótico que escondía tu cuerpo y que aunque ahora conoces, no has podido dar curso sino virtualmente; cuando te percataste de cómo habías desperdiciado tanto tiempo de tu vida al no dar rienda suelta a la pasión que aún albergas; cuando te diste cuenta de cuan vacía estaba la superficial vida que tu decidiste llevar por disciplina y obediencia.
  No eres el único caso.  Hiciste lo que hubiera hecho cualquier mujer “normal” de tu época que hasta podría haberse sentido dichosa de su vida de no ser porque tú no eres así de normal, sólo que tardaste en darte cuenta.
  No ha sido tu culpa, Mariposita.  El medio, tu formación y la sociedad  te obligaron a actuar de esa forma y va a ser esa misma sociedad la que te critique, te censure y te condene por querer emprender una tardía emancipación.
 Y ahora, en el otoño de tu vida, ¿Qué pretendes hacer, Mariposita? ¿Recuperar todo el tiempo que perdiste? ¿Saciar tus deseos reprimidos durante la infancia, adolescencia, juventud y aún madurez? ¿Aprender a rebelarte, a imponer tu criterio cuando las circunstancias te son adversas, el momento no lo requiere  y no cuentas con el valor que se necesita para  enfrentar la independencia porque en su momento no  supiste llenarte de el? ¿Pretendes llevar una vida farandulera, compartiendo con artistas y gente joven aventurera  como una más de ellos? Para los jóvenes esos casos son valorados en un primer momento como de valentía, pero luego, como severos jueces que son,  los juzgan de excéntricos y fuera de tiempo; de ridículos.   Y los halagos que recibes de ellos en ese momento son aduladores cumplidos, caso que les mueva un interés hacia ti, o sientan algún respeto por ti, de lo contrario son burlas a tus espaldas.
   Corres el riesgo de emprender un vuelo para el que no  cuentas ya con suficiente energías y puedes colapsar, o en el mejor de los casos intentar volar sobre el lodo que puede manchar el oropel de tus alas.  
   Mariposita, ya no es tiempo de risas irresponsables, ni de burlas alocadas.  Es tiempo de asumir con responsabilidad la situación en que nos puso el destino o que nos pusimos nosotras mismas.    Cada edad tiene su encanto y no hay nada más bello que vivir cada etapa de la vida con intensidad, pero con dignidad.
  Mariposita, aún estás a tiempo.  Pon los pies sobre la tierra, mírate en el espejo y reconócete.  Mírate a los ojos y busca  la mujer madura que está escondida en ti y que está demorando  en salir, la que va a saber sacrificar, parte de su tiempo e intereses, no todos,  por los que la rodean o por aquellos de los que un día fuimos responsables.  Y verás que cuando ella salga los que te rodean, si en un momento te rechazaron,  ansiarán tu compañía.  Piensa que la belleza  física, el dinero y el poder se acaban y sólo quedan los valores que nosotras mismas pudimos habernos creado y los sentimientos que en otros pudimos haber despertado.
  La vida nos la dio Dios, no para que la poseyéramos, sino para que la administráramos, porque al final tenemos que rendirle cuenta de lo que hicimos con ella.
 Yo se que todo lo que pueda decirte herirá tus oídos y me vas a malinterpretar, porque  tú, como muchas mariposas, estás acostumbrada a oír solo lo que quieres escuchar, lo que halague tu ego, lo agradable.   Yo sólo seré capaz de decirte la verdad aunque por ello me desprecies, porque a los verdaderos amigos se les dice la verdad para evitarles hacer el ridículo.
   Mariposita, no vayas a pensar que te hablo así por envidia, como catalogan a los que  critican; por el contrario, yo soy una mujer realizada, saturada de los placeres humanos que en cada etapa de la vida me tocó vivir, con pocos bienes materiales, pero con un mundo espiritual muy rico que disfruto desde la tranquilidad de mi hogar.  Te hablo así porque te quiero y porque me das lástima que vayas a descender vertiginosamente desde el podio donde siempre te he tenido colocada, pero, si mis palabras no hacen eco en ti, mi única opción es dejarte  sola hasta que reacciones por ti misma.  No obstante, sabe que siempre podrás contar conmigo.     De todas formas yo siempre seré tu amiga.      
                        Madalina                                                             

Monday, 25 April 2011

Viernes de Dolores 2003.

 Madalina Cobián.
Tomada del Cuaderno de cuentos “Páginas Sueltas”

   En aquellos momentos, yo no comprendí a mi madre, o mejor dicho, no conocía la razón ni la magnitud del dolor que la llevó a la demencia.  Sí supe  que algo grande había pasado, una alteración popular  repentina en la ciudad  que ocasionara frecuentes bullicios, violencia y agresividad, de las cuales, Mamá trató de mantenerme alejada para no afectarme.  Sólo noté la ausencia de mi padre y mi hermano Tony que contaba con veinte años.
    Yo todavía jugaba con muñecas, por eso, cada vez que Mamá se ausentaba, con mucha frecuencia últimamente por cierto, y regresaba tratando de disimular sus llorosos ojos, me dejaba en casa de la vecina Caridad, que era la única persona del barrio que no se había alejado de mi casa, y que además continuamente alentaba a Mamá, dándole ánimo y diciéndole que Dios iba a permitir que todo saliera bien, que nada malo iba a pasar.
   Cuando yo preguntaba que cosa era lo malo que podría pasar, me contestaban que podría ser una posible epidemia de dengue o  algún accidente automovilístico, el cual yo relacionaba con Papá y Tony y su presunto viaje al interior a cumplir con tareas agrícolas.
    Una tarde, después de una de sus largas ausencias, Mamá regresó triste, pero algo esperanzada.  Después de arreglarnos para salir, pasamos por la casa de Caridad y oí cuando mi madre le dijo muy bajito.
    -“Hoy no, Caridad.  Me van a permitir verlos a las nueve de la noche y quiero llevarla para que la vean.”
    Llegamos a un lugar lejano y extraño, desconocido entonces para mí.  Allí nos hicieron sentar en un banco de frío concreto,  después de darnos la  orden de esperar.  Pasaron largas horas.  Yo me quedé dormida  sobre el asiento con la cabeza sobre las piernas de mi madre, que esperaba muy quietecita  con una sonrisa en los labios.  Me despertó la voz de un hombre de uniforme que le dijo a Mamá:
 -“Lamento informarle que la visita no puede efectuarse esta noche, sino mañana por la mañana a las 9 a. m.”
   Mamá, entristecida al principio, pronto se recuperó, apoyada en la esperanza  de que algo bueno iba a suceder al otro día.  Durante el camino a casa, hablaba sola,  muy bajito,  pero yo no la entendía.  El sueño no me lo permitía.
   Por la mañana,  me levantó muy temprano y emprendimos el camino de la noche anterior.  Cuando llegamos, nos recibió otro hombre vestido como el de la víspera, el cual comunicó a Mamá:
-“Sus familiares ya han sido ejecutados y enterrados.  No podemos darle la localización de sus tumbas, por lo que pueden retirarse.”
   Mamá se desplomó en el piso.  Yo comencé a gritar asustada por verla en el suelo, no por otra cosa, porque fui incapaz de entender el significado de algunas palabras, y mucho menos de asociar la palabra “familiares” a mi padre y hermano quienes suponía  viajando.
   Cuando se recuperó, emprendimos el viaje de regreso a casa,  pero sin mencionar una sola palabra.  Y así fue hasta el final de sus días. Sentada en un sillón, esperando tranquilamente el regreso de sus seres queridos, con una sonrisa en los labios.
   Caridad se portó muy bien con nosotras.  Trató de explicarme de cierta manera las cosas para no hacerme sufrir mucho, pero yo no la entendí bien, o mejor dicho, no me gustó su versión de los hechos y decidí auto convencerme del viaje emprendido por mis familiares, pero siempre conté con  su maternal cariño  y su atención a Mamá hasta que Bienestar Social  la recluyó  en un hospital  y a mí me internó en una escuela para niños en mi situación.  Allí  transcurrió mi existencia de forma consecuente con la vida social convencional, lo que me ayudó a olvidar la causa de la desaparición de mi padre y hermano y la pérdida de la razón de mi madre.  En esa escuela estuve hasta convertirme en un ser social independiente, capaz de realizarse en la vida y construir su propia familia.
   Pero la vida parece estar basada en principios cíclicos, o parece algo así como la serpiente que se muerde la cola, o quizá,  lo que algunos llaman destino  es algo parecido a la suerte de una roca  que tiene que ser siempre golpeada por ese mismo mar, con esa misma fuerza brutal de cada vez que se encoleriza, con esa misma fuerza destructora  del eterno fuego  del infierno que nunca se apaga.
   Después de los acontecimientos violentos que mantuvieron la ciudad en tensión por más de 12 horas, en los que estuvo involucrado mi hijo de veinte años, luego de varias noches de insomnio,  angustias y gestiones infructuosas, fui citada para ir a verlo junto con mi hija, en el día de ayer, a las 9 de la noche, al mismo lugar donde fui con mi madre por primera vez, hace más de cuarenta años.
   Por inconvenientes desconocidos, no pudimos verlo anoche y nos citaron de nuevo para hoy a las 9 de la mañana, recibiendo la misma respuesta que recibiera Mamá hace más de cuarenta años.
  Yo no me desplomé en el piso, ni perdí la razón, pero caí en un estado de meditación profundo en el que trato de hallar respuesta  a esta ironía del destino.  Y heme aquí, acariciando la tierra bajo la cual pudieran estar los restos de mi hijo, o los de los hijos de otras madres, que hayan estado involucrados en  ese mismo tipo de problemas,  mientras invoco a Dios:
  -“Oh,  Señor, ¿Es que acaso la capacidad de maldad del poder del hombre sobre la tierra deberá ser eterna como el fuego del infierno?”

El Diablo y la Madre.

El Madalina Cobián.
Tomado del cuaderno de cuentos “El otoño de una mariposa”

  El Diablo, celoso de los tantos honores que los hombres rinden a la Madre y molesto porque el amor de esta era capaz de impedir que las malas acciones se realizaran y que los hombres se perdieran, envió su hijo a la Tierra para que probara que el amor de Madre era algo falso e innecesario.  Lo hizo médico, especialista en varias ramas como la psicología, psiquiatría y genética para que sus conocimientos lo ayudaran a probar su teoría y le proporcionó recursos que lo ayudaran en ello. El Diablo llamó a su hijo, Presto.
   Presto comenzó por narcotizar y secuestrar a Ofelia y a su hijo Emilito de seis años.  Los llevó a una mansión abandonada en las afueras de la ciudad y los encerró en habitaciones diferentes, de paredes acolchonadas para evitar la comunicación.
    Cuando Emilito se recuperó se encontró en una  habitación  llena de juguetes y  golosinas.  Su primera reacción fue de agradable sorpresa y comenzó a disfrutar de los privilegios de la habitación, pero pronto se percató de la ausencia de su madre y comenzó a preguntar por ella, a lo que Presto comenzó a dar respuestas predeterminadas para la conducta que esperaba conseguir del niño.
- “Estás aquí porque tu madre no te quiere porque la molestas mucho.  Te haces pipi en la cama, haces mucho ruido al jugar, se ve obligada a bañarte, a lavar tu ropa, a hacer tu comida, a llevarte al médico, llevarte a la escuela, ayudarte en las tareas, a velar tu sueño y no la dejas descansar.  Por eso te regaló a mí.  Yo te voy a dar todo lo que necesitas.  Aquí no tienes obligaciones de ir a la escuela ni hacer tareas.  Sólo tendrás que jugar y comer dulces.  Ella necesita descansar y vivir su vida libremente. No la llames porque ella no va a volver nunca más.  No quiere sabe de ti. Su vida va a ser ahora como la de una paloma que vuela libremente sin pensar en los dolores de cabeza que tú le creas. Ella no te quiere.  No quiere saber de ti”.
   Mientras el niño lloraba reclamando la presencia de su madre, Presto continuaba sometiéndolo a torturas psicológicas que acabaron convirtiéndolo en un niño enfermo, triste, inapetente y lleno de pánico.
  Por su parte, la madre al verse encerrada y separada de su hijo, comenzó a clamar por este a lo que Presto dio las respuestas predeterminadas para crear la conducta deseada en la madre.
    -“Tu no te llamas Ofelia, ni nunca has tenido un hijo.  Estás en un Hospital Psiquiátrico para curarte de esa obsesión de maternidad que te abruma.  Eres una mujer soltera que nunca se ha casado ni ha tenido hijos.  Estás confundida.  No eres quien te imaginas que eres. ¿Quién es Emilito? No conozco a nadie con ese nombre.  Aquí no hay niños ni nunca lo habrá.  Deja de alucinar pensando en niños.  Vamos a medicarte para que descanses.  Pronto entenderás y recocerás cual es tu verdadera personalidad.  Cuando la reconozcas verás que tranquila te vas a sentir.  No te rebeles.  Déjate llevar.  Verás que tranquila te vas a sentir cuando encuentres tu verdadero yo”.
    Y así sometiendo a Ofelia a esa tortura psicológica sumado a tratamiento de drogas y estupefacientes fue aniquilando la voluntad de Ofelia convirtiéndola en una  zombi que sólo abría la boca para rogar a Dios y pedirle salvara a su hijo.
  A las súplicas de Ofelia, como a las de toda madre, Dios respondió y envió a tres de sus ángeles para salvarla de la injusticia de Presto.
  -“Presto – dijeron lo ángeles – es la voluntad de Dios que liberes a esa mujer y la dejes reunir con su hijo.”
  - “No. – Contestó Presto – La ciencia tiene su lugar en el mundo y hay que darle la oportunidad de que pruebe su teoría.  Yo tengo que probar que un hijo puede ser borrado de la memoria de la madre y ser olvidado para siempre.  Así se sabrá que el amor de madre no es lo grandioso que todos dicen que es, sino que  es tan común y vulgar como cualquier otro amor que se pueda olvidar.  Y así mi Padre Satanás poseerá las vidas y las almas del niño y su madre;  me reconocerá como su hijo predilecto y me premiará con toda la gloria y la riqueza del mundo.”
   Los ángeles, dispuestos a dar curso y solución a la situación como Dios manda, le contestaron:
- “Presto, el Señor te da tres meses para que puedas probar tu teoría.  Si en tres meses puedes probarlo, desafortunadamente poseerás las vidas del hijo y la madre, pero no sus almas y el mundo se verá privado del amor, de la ternura, de la creación, de todo lo que una madre es capaz de dar.  Pero si en ese tiempo no lo puedes probar, la tierra se abrirá bajo tus pies y serás tragado por un túnel de fuego, mientras el niño regresará a su madre y el amor de esta seguirá reinando en la tierra”.
  Pasados tres meses de tortura, Presto volvió a interrogar a sus cautivos.  El niño yacía desfallecido sin comer y sin dormir como la ramita seca de un árbol. La madre, exhausta, carente de voluntad, dispuesta a decir que sí a todo lo que le preguntaran, yacía en el piso en grado extremo de extenuación.
   Presto la interrogó:
- ¿Quién tu eres?
- No lo se. –contestó ella.
- ¿Quién es Emilito? –volvió a preguntar Presto.
- No lo se. – volvió a contestar ella.
- ¿No conoces a Emilito? –Insistió el.
- No, no lo conozco. ¿Quién es Emilito?- Contestó ella sorprendida.
- ¿No lo recuerdas? – Volvió a insistir él.
- No. No lo recuerdo. – repitió ella.
   Presto dio un salto de alegría mientras gritaba:
-“¡Victoria! ¡Victoria! ¡Lo logré! ¡Lo logré!”.
 Como un loco se echó a correr para comunicar la noticia a todos, cuando algo lo detuvo.  Desde el piso, sujetándose el vientre, Ofelia continuaba hablando:
- No, no lo recuerdo.  No lo recuerdo.  Pero hay una sensación en mi vientre que me dice que Emilito está aquí y que el es mi hijo.
     Presto emitió un grito desgarrador al ver que bajo sus pies se abría un cráter que comenzaba a devorarlo mientras el gritaba:
    Necesito más tiempo.  Necesito más tiempo.
   A lo que los ángeles contestaron: “
 -“A las malas acciones no se les da una segunda oportunidad.”.
 La puerta de la habitación de Ofelia se abrió para dejar pasar a Emilito que se acurrucó entre los brazos de su madre para seguir amándola y ser amado para siempre.
   













CORO DE IGLESIA SAN JUDAS Y SAN NICOLAS DE LOS SITIOS, LA HABANA, SOLICITA AYUDA.

    El coro de la iglesia de San Judas y San Nicolás,  sito en la calle de este mismo nombre, en Los Sitios, Centro Habana, comunidad  muy pobre de La Habana, el que fuera otrora muy renombrado por su servicio a la Comunidad y a los requerimientos del Cardenal Jaime Ortega, quien mucho lo aplaudiera, lo alabara y hasta lo tributara, con su generosidad, está sufriendo una gran crisis.
   El pasado mes de Septiembre del 2005, la mencionada iglesia fue asaltada y dentro de los objetos de valor robados, se encontraron todos los instrumentos musicales del coro: piano, guitarra, bajo, procesador eléctrico, amplificadores y demás.  Desde entonces, cada domingo las misas y actividades religiosas continúan cantándose a capela, pues aunque los miembros del coro están reuniendo dinero para volver a comprar los instrumentos, el precio de estos no está asequible a la economía de ellos.  Por lo que rogamos a las personas de buena voluntad que quieran contribuir a la recuperación de los instrumentos, su ayuda, ya bien en efectivo o en instrumentos musicales,  aunque sean de segunda mano.  Todo lo que se pueda colectar para el coro será agradecido en nombre de sus miembros y su Iglesia.
   Agradeciendo su atención, con la Gracia de Dios,
  Diego Manuel Contino Sarracén
         Director del Coro
    Para más información contactar con:
 e-mail: madalinacobian2008@yahoo.com,  Tlf.8626476.
  Diego Manuel Contino Sarracén
   Antón Recio No. 218. Altos. Entre Gloria y Esperanza.
  Habana Vieja. Ciudad Habana. Cuba.

Thursday, 17 March 2011

El amor en cualquier parte y momento.

Madalina Cobián.                                                                              

Tomado del cuaderno de cuentos “El otoño de una mariposa”

Son las 7 a.m., y Miguel y Luisa, pareja recién unida, se preparan para salir a la calle a enfrentar una nueva jornada de labor.
-          ¡Que dicha que tu hayas llegado a mi vida! ¡Que tranquilidad el poder compartir con alguien  los azares de cada día! ¡Que seguridad la de saber que alguien va a responder por mis necesidades cada mañana!  ¡Cuánto tiempo luchando sola sin esperanza!  Cuanta veces he emprendido  el ca                               
-          mino cada mañana sin saber que le reserva a una el día, con la esperanza de poder resolver el objetivo de la vida, para luego, si el día ha sido afortunado, poder disfrutar, al anochecer, la satisfacción espiritual de saber resuelta la necesidad material.  Pero ahora, he tenido suerte al encontrarte.  Ya no tengo que volver a salir sola a aventurarme por los caminos del mundo en busca de la solución a mis carencias.

-          No te preocupes, amor. Ya no vas a estar nunca más sola,  Ahora yo voy a estar contigo para siempre, para acompañarte a cumplir esta ardua tarea que acometemos día a día.  No vas a volver a carecer de lo que nos hace falta para vivir.  Yo seré tu compañero siempre en la vida hasta que la muerte nos separe.  Juntos saldremos todos los días a cumplir nuestra misión y a luchar por la vida.  Tenemos ese derecho y lo vamos a disfrutar.
  Después de haber recogido los papeles de periódicos que le habían servido para cubrir el piso que utilizaran como lecho la noche anterior y haber amontonado en un rincón  del almacén abandonado donde habían pernoctado la víspera, las botellas de alcohol de bodega consumido esa noche,  luego de haber hecho sus necesidades fisiológicas en otro rincón más apartado del sitio donde durmieran,  y de haber esgarrado lo suficiente como para eliminar los restos del tufo de alcohol que sale de sus bocas y que aún emana de su piel,      Luisa y Miguel intentan con los dedos  estirar sus cabellos y humedecer sus rostros con saliva para adecentar su  aspecto.  Muy juntitos, ella, colgada de su brazo izquierdo y el con un sombrero boca arriba en su mano derecha,  amorosamente salen a la calle a “luchar la vida” como dicen ellos, con la esperanza, de a su regreso, por la noche, disfrutar del fruto de su labor.
-          “Una limosnita, por el amor de Dios”  
                                                                    
                                             

Thursday, 3 March 2011

Nota dolorosa.

Madalina Cobián
El pasado 25 de Febrero de los corrientes, luego de penosa y larga enfermedad, entregó su alma al Creador, el querido Padre Teodoro, Párroco de la Iglesia del Carmen, sita en Infanta entre Neptuno y Concordia, La Habana desde 1958. De origen español, el sacerdote había desarrollado una larga labor cristiana entre los que consideraba sus congéneres en su también Patria Cubana. Esperamos el Señor lo haya acogido en su seno tal como el pidiera en su canto durante la celebración del 50 aniversario de su ordenamiento:
-“Que detalle Señor has tenido conmigo, cuando me llamaste, cuando me escogiste, cuando me dijiste que yo era tu amigo.”